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La oscuridad creciente en el Gólgota es sólo una imagen débil de la oscuridad interior y de la desesperanza que vive ahora Jesús. En este momento él toma sobre sí mismo la esencia del pecado, junto con sus consecuencias. Él, el Cordero de Dios, experimenta el abandono del alma por Dios – la esencia de la condenación eterna en el infierno. A poderes demoníacos se les dio poder para atormentar físicamente y espiritualmente al Hijo de Dios y, finalmente, para matarLo.

La exclamación de Jesús: “¡Eloi, Eloi!” es para recordarnos del horror de la condenación eterna en el infierno. Allí el hombre está separado de Dios y atormentado por los demonios.

Hay los pecados de la carne y los pecados del alma, que se dirigen contra el Primer Mandamiento de Dios. Son, en esencia, la incredulidad en Dios y la idolatría. Por medio de diversas formas de la magia, la adivinación y las filosofías paganas el hombre se dirige a la espiritualidad falsa. Se trata de un falso respeto por las religiones paganas y sus dioses – demonios.

Un ejemplo: la fe en la reencarnación, la fe en supersticiones, en los hechizos, adivinación, el péndulo, fundición de la cera, horóscopos, libros de sueños, medicina oculta: la homeopatía, la acupuntura, la hipnosis, reiki, yoga, la meditación trascendental y las meditaciones orientales asociadas con las artes marciales, con la relajación, la psicología y servicio de masajes. El fruto es EL ORGULLO ESPIRITUAL QUE RECHAZA AL DIOS Y SALVADOR VERDADERO Y ES LA CAUSA DE LA PERDICIÓN ETERNA. A través de la incredulidad y la idolatría el diablo echa las almas a la perdición. Por lo tanto, en la oración “Padre Nuestro” pedimos a Dios Padre: Líbranos del mal – del diablo.

НЕ нашли? Не то? Что вы ищете?

2. Un versículo de la Palabra de Dios (5 minutos)

Me doy cuenta del dolor intenso producido por los calambres y la asfixia de Jesús crucificado en la cruz. Todos repetímos: “¡Eloi, Eloi¡ ¿Lema sabactani?”

3. La oración con la Palabra de Dios (5 minutos)

Todos decimos junto: “Eloi, Eloi”, y uno añade: “Líbranos del mal.

4. La oración del corazón (5 minutos)

En unión con Jesús todos llamamos: “Ee-lo-iii”. Con el corazón pedimos: Líbrame de la idolatría y maldición.

La sexta palabra de la cruz: “¡Consumado es!” (Jn 19,30)

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios (5 minutos)

“Cuando Jesús tomó el vinagre, dijo ‘¡Consumado es!’” (Jn 19,30)

Los brazos de Jesús se fatigan, están perdiendo la fuerza. Grandes oleadas de calambres barren los músculos, haciendo nudos en ellos con un dolor profundo y pulsante. Llegan los ciclos de asfixia. Los músculos del pecho son paralizados y incapaces de actuar. Jesús lucha para conseguir al menos una respiración corta. Siente un profundo dolor opresivo en el pecho. El pericardio lentamente se llena de suero, comienza a comprimir el corazón y por lo tanto restringe sus movimientos. El corazón late de forma irregular. La pérdida de sangre y sed ardiente causan que el corazón comprimido está luchando para bombear sangre pesada y espesa en los tejidos. Los pulmones torturados están esforzándose frenéticamente para tragar pequeñas cantidades de aire. Jesús puede sentir el frío de la muerte que paulatinamente invade sus tejidos. Con últimas fuerzas empuja sus pies partidos contra el clavo, endereza sus piernas y toma más aire. Se oye Su palabra: “¡Consumado es!”

En el momento cuando Jesús en la cruz exclamó: “¡Consumado es!”, la tierra tembló (cf. Mt 27:51). También el infierno tembló en sus cimientos, porque por el sacrificio del Cordero, el enemigo de la humanidad fue privado de su derecho a las almas humanas, y el acta de los decretos fue destruido (cf. Col 2:14). Al mismo tiempo, fue destruido el poder de la muerte (cf. 2 Ti 1:10).

Por su muerte Jesús destruyó a uno que tiene poder sobre la muerte –a satanás. Cuando uno empieza a invocar el nombre de Jesús contra las fuerzas del infierno, ellos son vencidos. Por lo tanto, tienen que abandonar el campo tan pronto como se enfrenten con toda la fuerza del nombre de Jesús.

¡Jesús ha consumado su obra! No hay nada que añadir. El hombre sólo tiene que recibir y realizar en su vida la obra salvífica perfecta de Jesús. ¡El poder del pecado y del mal fueron vencidos! ¿Dónde? En un único lugar, en la muerte de Cristo. Por eso cada día tenemos que entrar en la muerte de Cristo mediante la fe (cf. 2 Co 4:11).

Cada uno de nosotros va a ir a través de la agonía de muerte y la muerte física. Por lo tanto, cada día tenemos que entrar en la muerte de Cristo por la fe y sobre todo cuando de alguna manera nos desviemos de la línea de la voluntad de Dios o mandamientos de Dios.

2. Un versículo de la Palabra de Dios (5 minutos)

Veo el sufrimiento de Cristo: la pérdida de sangre, sed insoportable, calambres dolorosos, la respiración por el esfuerzo supremo. Todos repetímos: “Jesús dijo: ¡Consumado es!”

3. La oración con la Palabra de Dios (5 minutos)

Todos decimos junto: “Padre”, y uno añade: “¡Consumado es! El diablo y el pecado fueron vencidos.

4. La oración del corazón (5 minutos)

Todos llamamos: “Aaaa ... ba”. En este llamado testimonio a todo el mundo: “¡Mi salvación fue consumada en Jesús!”

La séptima palabra de la cruz: “Padre (Abba), en tus manos encomiendo mi espíritu.” (Lc 23:46)

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios (5 minutos)

Ríos de sangre fluyen por el rostro pálido de Jesús. La sangre está cada vez más oscura. El rostro cubierto de heridas se alarga. Los labios son de color azul y comprimidos. Su cabeza se hunde en su pecho, el corazón deja de latir. Jesús entiende que está en el umbral de la muerte.

“... y hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. El sol se oscureció y el velo del templo se rasgó por la mitad. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: ‘¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!’ Y habiendo dicho esto, expiró.” (Lc 23:44-46)

Sus palmas, antes cerradas, se han abierto y las manos han colgado inpoderosos. Las rodillas se han inclinado hacia un lado. La cabeza se hundió en el pecho sin vida. El Señor Jesús exhaló su último suspiro. Eran las tres de la tarde.

Señor Jesús falleció no por ahogamiento, que era la muerte normal por crucifixión. Él murió por la ruptura del corazón. Su corazón fue compresado por el líquido en el pericardio. El legionario se acercó a la cruz de Jesús y para asegurarse de que Jesús estaba realmente muerto, Le clavó una lanza en Su costado derecho. Desde costado perforado de Jesús fluyó dos tipos de líquido: primero el coágulo y después el suero. Eran la sangre y agua como describe el apóstol Juan.

... la tierra tembló y las rocas se partieron... El centurión y los que con él guardaban a Jesús vieron el terremoto y las cosas que habían sucedido. Llenos de miedo dijeron: ‘¡Verdaderamente éste era Hijo de Dios!’” (Mt 27:51.54)

La muerte de Jesús fue la batalla psíquica y espiritual más difícil en nuestro planeta y al mismo tiempo en todo el universo. En ese momento el poder del pecado y el poder demoníaco, fueron desmenuzados.

Jesús expresó Su y nuestro programa de la vida en la oración del Padre Nuestro con las palabras: “Padre, hágase Tu voluntad!”

El apóstol pregunta: “¿No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?” (Rom 6:3) El Bautismo tiene el carácter de un pacto. Jesús dio su vida por ti. Este es un “SÍ” para ti de Su parte. Tu “SÍ” está condicionado por el conocimiento de la esencia del bautismo y por la disposición a morir a sí mismo.

2. Un versículo de la Palabra de Dios (5 minutos)

Me doy cuenta de la agonía de Jesús y de Su muerte. Todos repetímos: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

3. La oración con la Palabra de Dios (5 minutos)

Esta es la voluntad del Padre Celestial, que yo sea salvo. Todos decimos: “Padre”, y uno añade: “¡Hágase Tu voluntad!” (Mt 6:10)

4. La oración del corazón (5 minutos)

Todos llamamos: “Aaaa ...ba”. En este llamado encomiendo mi espíritu con el espíritu de Jesús en las manos del Padre y acepto cualquier tiempo y la forma de mi muerte.

La recepción de Jesucristo como propio Señor y Salvador

¿Crees que yo, Jesús, soy tu Salvador, que murió por ti y

por todos tus pecados? (Sí.)

¿Comprometes tu futuro entero a mí, Jesús,

y me recibes como tu Señor y Dios? (Sí.)

Como muestra de tu decisión de recibir a Jesús

como tu Salvador y Señor, haz la señal de la cruz.

¡Cristo ha resucitado!

(la celebración del domingo)

PRIMERA HORA

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La Resurrección de Cristo

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios (5 minutos)

En el espíritu vemos la tumba de piedra en Gólgota. Durante la noche del sábado lo guardaron los soldados romanos. Los principales sacerdotes y los fariseos dijeron a Pilato sobre Jesús muerto: Él dijo, viviendo aún: Después del tercer día resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro.” (Mt 27:63-65)

La noche está calmosa. ¿Qué sucede en el ámbito espiritual? El espíritu de Jesús descendió a este mundo temporal. En ese momento resucitó y se transformó Su cuerpo, que hasta entonces había permanecido en la tumba. Este cuerpo pasó a través de la tumba de piedra, porque ya no estaba sujeto a las leyes físicas.

El momento de la resurrección confirmó, que el Evangelio de Cristo es la verdad y que Cristo es verdadero Dios. El momento de Resurrección se llevó a cabo en silencio absoluto y secreto. Los guardias no sabían que Cristo había salido de la tumba. La resurrección no fue acompañada por ningún signo externo: truenos, relámpagos, terremotos... Así como Dios creó el universo de nada y lo ordenó, así actuó con Su omnipotencia también ahora.

Jesucristo murió y resucitó. Cada uno de nosotros se encuentre con la realidad de la muerte. Nuestro cuerpo no sólo resucitará por la omnipotencia de Dios, sino que también será glorificado y será parecido al cuerpo de Cristo resucitado.

2. Un versículo de la Palabra de Dios (5 minutos)

Todos repetímos: Cristo ha resucitado de los muertos; primicia de los que murieron.” (1 Co 15:20)

3. La oración con la Palabra de Dios (5 minutos)

Todos decimos junto: “¡Cristo ha resucitado!”, y uno añade: “¡Verdaderamente ha resucitado!

4. La oración del corazón (5 minutos)

Cantamos: “Vive Jesús el Señor”. (Durante la canción me regocijo en la fe por la resurrección de Cristo)

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Cristo resucitado apareció a Su madre

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios (5 minutos)

La Sagrada Escritura no dice nada sobre el encuentro de Cristo resucitado con su madre. En la hora de Su muerte, ella estaba junto de la cruz y murió espiritualmente con Él, como Su y nuestra madre. Si la Escritura da testimonio de que hemos resucitado juntamente con Cristo, entonces, en el primer lugar esto toca a la que está llena de gracia (cf. Lc 1:28) y que murió espiritualmente con Él en la Gólgota.

La Sagrada Escritura testimonia que la madre de Jesús no estaba con las mujeres. ¿Por qué? Porque en el momento de la resurrección ella no sólo fue la primera a la que Jesús se le apareció, como dice la Tradición de la nuestra Iglesia Oriental. Al mismo tiempo ella vivió el misterio de su propia y nuestra resurrección con Cristo (cf. Ef 2:6; Col 2:12, 3:1). Este misterio toca también a nosotros y está conectado con el Misterio del Bautismo.

2. Un versículo de la Palabra de Dios (5 minutos)

Todos repetímos: “¡Oh purísima Madre de Dios, regocíjate por la resurrección de tu Hijo!”

3. La oración con la Palabra de Dios (5 minutos)

Todos decimos junto: “Jesús”, y uno añade: “Ahora Tú permaneces en tu madre y ella en Ti.

4. La oración del corazón (5 minutos)

Cantamos: “Esplende, esplende, oh nueva Jerusalén”.

La madre de Jesús y nuestra es la nueva Jerusalén. En el espíritu, junto con María, vivimos el misterio de su resurrección con Cristo y encuentro con Jesús.

resplandece

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Nuestra resurrección con Cristo

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios (5 minutos)

En el tiempo de su muerte, Jesucristo se había identificado con nuestra naturaleza excepto el pecado y nosotros también resucitamos con Él. El profeta Oseas lo predijo: Al tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él”. (6:2) Nuestra participación en la resurrección de Cristo, mediante la fe, ahora está espiritual. En la segunda venida también nuestro cuerpo será resucitado y transformado para la gloria.

La realidad espiritual de nuestra resurrección con Cristo en la madre de Jesús y madre nuestra es perfecta. Ahora, con el mismo compromiso a Dios y con la misma fe como María, estoy recibiendo no sólo la unidad interior con el Salvador resucitado, sino también todo el misterio del bautismo en plenitud. Ahora me doy cuenta de la verdad de que: "Ya no vivo yo, sino Cristo vive en mí." (Gl 2:20) En la medida en que entremos en la muerte de Cristo, el poder de su resurrección pueda obrar en nosotros. En el Bautismo fuimos injertados espiritualmente a estos dos misterios de la muerte y resurrección de Cristo (cf. Rm 6:3-5). Ahora ya debemos llevar en nuestro cuerpo la muerte de Cristo así como Su nueva vida (cf. 2 Co 4:10).

2. Un versículo de la Palabra de Dios (5 minutos)

Todos repetímos: “¡Cristo ha resucitado! Con Él también nosotros resucitamos.”. (cf. Ef 2:6)

3. La oración con la Palabra de Dios (5 minutos)

Todos decimos junto: “Jesús”, y uno añade: “¡Contigo yo resucité!

4. La oración del corazón (5 minutos)

Jesús está en mí (en ti) y yo en Él. Él es la resurrección y la vida. Él está aquí. Durante la canción “Resucitó” vivo el misterio de mi resurrección con Cristo.

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SEGUNDA HORA

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La aparición de los ángeles

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios (5 minutos)

En el domingo, muy temprano por la mañana, cuando todavía estaba oscuro, llegó María Magdalena y la otra María al jardín donde Jesús fue sepultado. Cerca de la tumba de repente fueron asustados por un gran terremoto. He aquí un ángel del Señor se les apareció. Lo ven, como desciende del cielo, remueve la piedra de la entrada de la tumba y se sienta sobre ella. Las mujeres perplejas miran el rostro del ángel. Su rostro era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve que brilla al sol. Incluso los soldados que custodiaban la tumba de Jesús son testigos de esta aparición deslumbrante. Pero ahora yacen por la tierra como muertos, temblando por miedo de la apariencia del ángel. De igual modo las mujeres son espantadas, pero miran la aparición celestial con la esperanza.

Ahora el ángel les anuncia: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. (Mt 28:5-7)

Después llegaron otras mujeres al sepulcro, trayendo las especias y aceites fragantes. Entraron en el sepulcro y no hallaron al cuerpo del Señor Jesús. Vieron dos hombres en las vestiduras blancas resplandecientes. Ellos les dijeron: “¿Por qué buscáis al vivo entre los muertos? No está aquí, sino que ha resucitado...” (Lc 24:5-6)

Yo, también, a menudo busco al vivo entre los muertos, cuando me quedo en el espíritu de la incredulidad, la autocompasión o de otro engaño. Jesús no hay aquí, en ese espíritu. Por medio del arrepentimiento tengo que salir de este espíritu para encontrarme con el Jesús vivo.

2. Un versículo de la Palabra de Dios (5 minutos)

Todos repetímos: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado...” (Lc 24:5-6)

3. La oración con la Palabra de Dios (5 minutos)

Todos decimos junto: “Jesús”, y uno añade: “¡Tú resucitaste! ¡Tú eres Dios!

4. La oración del corazón (5 minutos)

Yo personalmente vivo la buena nueva del ángel: “¡Jesús ha resucitado!” Canción: [:Sanctus, Sanctus, Sanctus:] [:Hosanna, hosanna:] Hosanna, Hosanna

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Jesús se aparece a María Magdalena

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios (5 minutos)

La Sagrada Escritura dice, que el domingo por la mañana Cristo se apareció primeramente a María Magdalena. Ella fue testigo de este momento cuando temprano por la mañana el ángel removió la piedra y anunció que Jesús no hubo en la tumba, porque había resucitado. Ella anunció esta noticia a los discípulos, pero después regresó a la tumba, donde se encontró de nuevo con la aparición del ángel. El ángel le dijo: “¿Por qué lloras?” Ella contestó: “Porque se han llevado a mi Señor, y yo no sé dónde le han puesto”. Cuando hubo dicho esto, se volvió y vio Jesús allí, y no lo sabía que era Jesús. Jesús le dijo: “¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?” Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto.”

Ella no había reconocido a Jesús hasta que le abrió los ojos y la llamó por su nombre. Sólo entonces ella gritó: “¡Rabboni!”, que significa: “¡Maestro!”

Jesús había liberado a María Magdalena de los demonios y le perdonó todos sus pecados.

Jesús te pregunta también a ti: “¿A quién buscas? ¿Tus placeres, el pecado?” No encontrarás la felicidad en ellos. ¿Estás buscando a Jesús? ¿Estás buscando su rostro en la oración? ¿Dónde está Jesús? Él responde: “Yo estoy con tigo todos los días de tu vida.” (cf. Mt 28:20).

2. Un versículo de la Palabra de Dios (5 minutos)

Todos repetímos: “Jesús dijo: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? (Jn 20,15).

3. La oración con la Palabra de Dios (5 minutos)

Todos decimos junto: “Rabboni”, y uno añade: “¡Te estoy buscando! ¡Tú me has liberado de la dependencia del pecado!” Date cuenta de que dependencia específica Jesús te ha liberado: de la dependencia del alcohol, de las personas, cosas, dinero, impureza, miedo, ira, comida...

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